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 Trama: Crónicas de las almas perdidas, Prólogo de la Era Arrancar

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AutorMensaje
Ken Shiba
Capitán de la 8ª División


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Aries Tigre
Cantidad de envíos : 938
Localización : Salta - Argentina
Fecha de inscripción : 08/09/2009

MensajeTema: Trama: Crónicas de las almas perdidas, Prólogo de la Era Arrancar   Dom Sep 04, 2016 3:07 pm

Crónicas de las almas Perdidas
Prologo de la Era Arrancar


“He perdido la cuenta del tiempo que llevo viviendo en este lugar, observo el cielo y nunca puedo siquiera ver una estrella, tan limpio, tan vasto, tan hermoso y tan triste… solo puedo resignarme a mi destino, el vagar sin rumbo ni orientación por las arenas de este monótono desierto tan seco y frio como mi alma, buscando alimento en los que son más débiles que yo, escapando de quienes me superan en fuerza, ¿quién podría imaginar tamaña miseria que me esperaba tras la muerte? Aquella noche solo vagaba por las dunas… buscaba algún novato para continuar comiendo y sumar más almas desdichadas a mi canibalismo cotidiano, encontré un pobre diablo que parecía más shokeado que yo, y empecé a perseguirlo, en aquella carrera echó a correr con todas sus fuerzas, era como verme a mí mismo en mis inicios o años atrás cuando yo era la presa, parecía algo así como un animal, para mi desgracia muy ágil… la nube de arena que a su estela dejaba me enceguecía totalmente y confundía mi rumbo, aunque afortunadamente para entonces mi experiencia podía leerle los movimientos sin problema alguno y al alcanzar escuchar sus pasos a la cercanía me abalancé sobre a ciegas y lo atrapé bajo mis pesadas patas, parecía temeroso y luchaba inútilmente por zafarse, quizás rogaría por su vida… más de uno me lo había planteado antes, aunque todos acabaron devorados.

Abrí lo que representaban mis fauces y el pánico podía casi palparse en aquellos ojos temblorosos y suplicantes que me observaban, mis colmillos bajaron cual espada de un verdugo al cuello del condenado, y entonces sucedió lo que nunca olvidaré… La luna tembló y me estremecí, no pude verla pero sabía que así sucedió pues el estruendo rompió con mi cena, que parecía también atrapada por aquel fenómeno, ambos desviamos nuestras miradas a la perla nocturna, aunque ante mi descuido el maldito afortunado escapó y a mí no me quedó más consuelo que disfrutar del siguiente espectáculo, los destellos y silbidos, estrellas fugaces… el manto oscuro del firmamento las lucía por toda su extensión, yo las miré maravillado, mi lado humano no podía pasar por alto algo como eso, hasta que advertí el peligro cuando una pareció impactar en el horizonte, la arena tembló y la onda de choque me alcanzó a pesar de estar muy lejos, corrí despavorido sobre mis pasos, como si el lugar donde había estado antes fuese más seguro, irónicamente la imagen del que hace momentos escapaba de mi corriendo de igual forma me vino a la mente, pronto impactos similares resonaron uno tras otro, más lejos y más cerca… un silbido ensordecedor, una luz enceguecedora, y una coalición a metros mío me sumergieron en una avalancha de arena que marcó mi final como espectador, el resto ya no lo recuerdo… solo un negro absoluto en mi memoria hasta el momento en el que desperté y todo volvía a ser normal, solo de algo estaba seguro… en el ambiente una sensación sobrecogedora me mantenía alerta, una energía sin dirección parecía llamarme, y yo no sabía ir donde ella… me levanté aturdido por la desventura y caminé unos pasos perdidos y redundantes carentes de rumbo por las inmediaciones, algo iba mal… miré hacia atrás y los rastros de hueso a mi estela dejaban claro que estaba herido, y si bien el mareo y la extraña sensación daban por sentado que así era yo no lo sentía, la herida mortal me resultaba ausente, fue entonces cuando miré mis garras… ahora tan solo eran manos, las manos de dedos finos, mi piel, mis brazos, mis piernas… ¡parecía haber resucitado! como los días en los cuales sonreía como un ser de vida bajo el sol del mundo humano, hasta la sensación del dolor y mis limitaciones, estaba desnudo la ventisca de la medianoche eterna en la tinieblas del desierto de los caníbales me lo recordaba a cada paso al abrazar con su frio mi piel y sacudir su arena sobre mi cuerpo, estaba desnudo como un bebe que acababa de nacer, hijo de una luna pálida, tan solo arrastrando una espada sin rumbo por sobre la arena.”


Estos son los recuerdos de un Hollow sin nombre, uno de los tantos que presenciaron el inicio de la era Arrancar en el Hueco Mundo, nadie sabe bien lo que pasó, pero algo cayó sobre la arena y se mantiene latente y disperso por el desierto, es posible que otros Hollow hayan vivido estos sucesos en diferentes lugares y situaciones, la vida en el Hueco Mundo ya no sigue siendo la misma tras aquel singular episodio, y aquella energía sigue allí escondida y todos lo saben, ¿Cuántos Hollow habrán vivido está experiencia en carne propia?, quizás algunos acaben olvidando lo que aquella noche sucedió pero los que lo tengan presente serán los precursores de una nueva raza.

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Ken Shiba
Capitán del 8º Escuadrón
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